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Hay cosas que desde muy jóvenes los adultos se esfuerzan en inculcarnos, conceptos que solo cuando crecemos entendemos mejor, como la importancia del ahorro. ¿Recuerdas cuando nuestros abuelos nos daban dinero a escondidas, como si se tratara de un secreto? –Toma hijo/a, guárdalo-, nos decían, como si ese tesoro tan importante y escaso para nuestra juventud estuviera en peligro de extinción.

Y estos recuerdos resuenan más que nunca cuando vamos creciendo y la vida presenta sus primeras dificultades. Frente a ello, miles de desafíos financieros se asoman y debemos enfrentarlos con criterio.

¿Y tú, cómo lo haces? ¿Compras ahora y pides un crédito o ahorras para comprar después?

La verdad, no hay respuesta correcta, después de todo, no solamente prima el aspecto financiero en la decisión, sino también tus preferencias personales, así que no te sientas mal si eres de los que compran hoy o mañana. Sin embargo, la decisión de ahorro tiene una serie de características beneficiosas que, en general, pasan desapercibidas.

Individualmente nuestro ingreso tiene dos destinos: el consumo (para hoy) y el ahorro (para el mañana). Todo lo que no consumamos hoy estará disponible para el futuro, por lo tanto, podemos deducir que si ahorramos parte de nuestros ingresos en cada periodo, será beneficioso en el porvenir.

Colectivamente ocurre algo más profundo. Gracias a los mercados financieros, hoy no necesitamos guardar nuestro dinero bajo el colchón, puesto que podemos prestar nuestros ahorros a otras personas o empresas que lo necesiten más en el corto plazo. Esto se denomina inversión.

Bajo esta perspectiva, generamos un beneficio amplio y compartido:

  • Posponemos el consumo al guardar parte de nuestros ingresos hoy.
  • Recibimos los intereses, como un beneficio de lo que nos costó ahorrar nuestra inversión.

En resumen, la existencia del ahorro en sí es provechosa tanto para quien lo realiza como para el que los necesita. Las lógicas económicas detrás del ahorro y el consumo son similares a las de oferta y demanda, en otras palabras, cuando las tasas de interés para endeudarnos están bajas, muchos están ahorrando y pocos necesitan dinero para gastar; mientras que cuando las tasas son elevadas, muchos necesitan el efectivo para su uso y pocos están ofreciendo sus ahorros para financiar dicho gasto.

En conclusión, cuando alguien te pregunte sobre los beneficios del ahorro, no dudes en imaginar cuán importante es no solamente para los días venideros, sino también para la realización del proyecto de alguien más.

Esperemos que cuando sea el turno de dar dinero a tus nietos, no tengas que acudir a la frase:
Es un secreto

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