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Entre Canas y Cuentos 2026

Más de 250 relatos dieron vida a la tercera versión de Entre Canas y Cuentos, el concurso de Penta Vida que invita a nuestras personas pensionadas a compartir sus recuerdos, experiencias y sueños a través de la escritura.

Conoce los cuentosRevive la premiación

Así vivimos la premiación

La emoción fue protagonista en el encuentro que reunió a las autoras y los autores destacados de Entre Canas y Cuentos 2026. Fue una jornada para conocernos, escuchar de dónde nació cada relato y celebrar el talento, la sensibilidad y la creatividad de quienes se atrevieron a transformar parte de su vida en palabras.

Más de 250 cuentos fueron leídos uno a uno. De ellos se reconocieron diez relatos destacados y cuatro menciones honrosas, y el jurado tuvo la difícil tarea de elegir los tres primeros lugares.

La creatividad no se jubila.

Tercera versión · 2026

Más de 250 historias que merecen seguir viviendo

Este 2026 vivimos la tercera versión de Entre Canas y Cuentos, el concurso literario de Penta Vida que invita a nuestros pensionados a compartir sus historias, recuerdos y experiencias.

Después de las versiones de 2023 y 2024, este año quisimos volver con una nueva invitación: escribir sobre “lo que está por contar”, eso que todavía queremos vivir, transmitir o soltar. Y la respuesta fue increíble: recibimos más de 250 relatos.

Llegaron historias de amor y familia, de pérdidas, recuerdos, humor, nuevos comienzos y sueños pendientes. Todas guardaban una parte importante de la vida de quien decidió sentarse a escribirlas.

Una edición inolvidable

Historias que nos conectan

250+relatos recibidos
10cuentos finalistas
4menciones honrosas
3historias destacadas
Relatos destacados

Los tres primeros lugares

Durante la ceremonia reconocimos a los diez relatos finalistas, las cuatro menciones honrosas y a los tres cuentos destacados de esta edición.

Canas con memoria

Mónica del Solar
Un recorrido por distintos momentos de la vida a través de las historias que guardan sus canas.

En las habitaciones del tiempo, la luz permanece

Alma López Marchant
Una historia de memoria, identidad y de la luz que dejan quienes amamos.

Secreto de una cana para mi niña que ya está sana

Viviana Vigh Salazar
Un relato íntimo de reconciliación con la propia historia.

Lee, comparte y recuerda

Conoce los cuentos seleccionados

Abre cada historia para leerla completa.

Ilustración del cuento Canas con memoria Primer lugar Canas con memoria Mónica del Solar Leer cuento completo

Aparecieron una mañana, tímidas, como pequeñas señales de tránsito en mi cabello. Al principio quise esconderlas. Después comprendí que venían a contarme algo.

Cada una guarda una historia.

Hay una que recuerda a la niña que fui, cuando todavía creía que el mundo cabía entero en un cuaderno. Otra conserva el abrazo de alguien que ya no está. Una nació la noche en que tuve miedo y, aun así, seguí adelante. Hay canas que conocen amores, despedidas, errores, carcajadas y sueños que alguna vez dejé dormidos.

Yo pensaba que envejecer era perder.

Hoy sé que también es acumular.

Acumular historias hasta convertir el cuerpo en un libro que nadie puede leer de lejos.

Por eso ya no las escondo.

Las miro frente al espejo y les pregunto:

— ¿Qué más recuerdan?

Entonces sonrío.

Porque todavía quedan páginas en blanco.

Tengo canas, sí.

Pero también tengo memoria, curiosidad y un sueño que se niega a jubilarse: seguir escribiendo hasta que alguna de mis palabras consiga vivir en la memoria de alguien más.

Quizás eso sea envejecer:

no apagar la vida, sino aprender a escribirla con tinta plateada.

Ilustración del cuento En las habitaciones del tiempo, la luz permanece Segundo lugar En las habitaciones del tiempo, la luz permanece Alma López Marchant Leer cuento completo

Me llamo Alma y soy una casa grande.

En mi cuerpo habitan todas las mujeres que he sido: la niña que escucha poesías de su padre, abrazada a la imaginación, la joven que corre por los pasillos persiguiendo ideales de libertad, la madre que acompaña a sus hijas en cada travesía, la viuda que mira desde una ventana, aprendiendo la costumbre de amanecer.

Cada noche recorro los rincones que habito, buscándome y hallándome en cajitas de colores, en la música sin tiempo, en libros nuevos y escritos impulsivos. Soy yo. Pero nunca estoy sola.

En cada filigrana de mi mente viven quienes ya no están, intactos, hermosos, eternos. No los busco para que regresen. Los encuentro porque me entregan las coordenadas de quien he sido. Cada ausencia señala una habitación, cada recuerdo enciende la luz.

Comprendo entonces que estoy hecha de cuanto permanece y también de cuanto amé y perdí. Soy la niña, la amante, la madre, la viuda y la mujer que continúa construyéndose.

Y cuando la niebla se alza, los recuerdos vacilan y el camino pretende borrarme, levanto el candil de mi memoria. Entonces todas las mujeres que he sido avanzan conmigo, ninguna cayó en vano. Soy Alma, y sigo en la ruta construyendo el porvenir.

Ilustración del cuento Secreto de una cana para mi niña que ya está sana Tercer lugar Secreto de una cana para mi niña que ya está sana Viviana Vigh Salazar Leer cuento completo

Querida niña triste
y a veces rabiosa,
sé que tienes 15
y te cuido como una rosa.

Necesito contarte tantas cosas con mucho amor,
pero no quiero que sientas ni una gota de temor.

Ahora con más experiencia te aseguro que tengo más paciencia.

Entendí que:
las ansiedades eternas probablemente ya sé que eran paternas
y las autoexigencias eran heredadas de mi madre por excelencia.

Agradezco y honro a mis padres y abuelos,
también a mis bis y tatarabuelos.

Hicieron lo que pudieron con las historias que trajeron.

60 he cumplido este año
y ahora puedo hablarte
sin que sientas que te hago daño.

Ahora puedo relatarte un hecho,
que he guardado por años en mi pecho.

Tuve un gran amor que siempre está en mi mente
y que para otra vida tengo pendiente.

Me casé y luego de unos años me separé.

Tuve dos hijas, aunque iban a ser tres,
pues al primero, no lo pude sostener.

A este ser amado recién ahora lo he integrado,
aunque solo Dios sabe cuánto me ha costado.

Mis dos hijas son muy amadas,
creo que son como mis hadas.

Este secreto que te he relatado
como un diamante lo tenía guardado.

Ilustración del cuento Vida Relato seleccionado Vida Italia Moya Luffi Leer cuento completo

Hoy te bañé, peiné tu cabello y te perfumé...

Escuché tus historias mil veces contadas, como si fuera la primera vez.

Tus sueños y deseos ya no me son secreto...

Hoy, a tus 93 años, eres mi hija, mamá.

Ilustración del cuento Mis zapatos nuevos Relato seleccionado Mis zapatos nuevos Maritza Marín Leer cuento completo

En una cajita negra con lindas letras doradas descansan aquellos zapatos que siempre soñé tener.

Al llegar a mi retiro de 40 años bien trabajados, con unos pesitos extras, por fin los pude comprar. Feliz me fui a mi casa con el deseo cumplido de aquellos bellos zapatos que siempre había querido.

Ya llegará la ocasión de lucirlos, pensaba en mi mente, pero pasaban los años y mis salidas eran muy pocas.

Una mañana de marzo me llega una invitación: era a una ceremonia religiosa de mi querida sobrina, que por fin se iba a casar. Desempolvé la cajita con mi tesoro guardado y, muy compuesta y arreglada, mis zapatos voy a usar.

Los años habían pasado, mi artrosis ya en aumento mis pies había atacado y mis pasos ya más lentos se habían transformado.

Mis zapatos hermosos, que siempre había soñado, seguirán en su cajita y nunca los podré usar.

Es triste pensar que al final del camino compré lo que deseaba.

Mis zapatitos que jamás voy a estrenar.

Ilustración del cuento Sed de ti Relato seleccionado Sed de ti Lorenzo González Martín Leer cuento completo

No la sentí llegar. Debió de meterse en la cama con cuidado.

A las tres desperté muerto de sed. Al volver del baño, su perfil se dibujaba con la luz de los faroles.

Somnoliento, me acerqué a darle un beso en la frente. Mis labios solo tocaron la almohada fría.

Desperté agitado. Parpadeé tres veces: la cama estaba perfectamente tendida. Ni una arruga en su lugar.

Recordé el ramo de flores que ayer te dejé.

Comprendí que ese perfil no era un sueño: era tu despedida.

Ilustración del cuento Parte en Calama Relato seleccionado Parte en Calama Pablo Soto Landa Leer cuento completo

Ya jubilado pero todavía con “pololitos” tuve que viajar a Calama.

Mi nuera tenía un hermano allá y me pidió si podía pasar a dejarle un paquete.

Fui un sábado en la tarde. Era una calle larga y no se veía ningún auto en 10 cuadras. Había un letrero que decía “NO ESTACIONAR EN AMBOS COSTADOS”. Como no se veía nadie y me iba a tomar solo un par de minutos, estacioné el auto y me bajé para saludar y dejar el encargo.

A mi regreso al vehículo encontré una citación al juzgado por estar mal estacionado.

Tomé una foto al auto y al letrero.

En el juzgado solicité apelar y el juez, gentilmente, aceptó escucharme.

Mi argumento fue el siguiente: “Usía, yo soy un hombre de ciencias pero usted es un hombre de letras. En la foto que le estoy mostrando claramente se ve que yo no estoy estacionado en ambos costados, solo estoy en el costado derecho”.

Me miró, se sonrió y me dijo: “Creo que me está tomando el pelo pero gramaticalmente tiene razón”. Me eximió del parte.

La siguiente vez que pasé por ahí el letrero decía: “No estacionar en ningún costado”.

Ilustración del cuento El gol de mi vida Relato seleccionado El gol de mi vida César Vaccia Izami Leer cuento completo

A los 19 años, en la Costanera de San Antonio, vi a la mujer que sería mi esposa. Caminábamos en sentido contrario, cruzamos las miradas y en esos ojos vi el amor que cambiaría mi vida. Nos enamoramos, nos casamos, tuvimos dos hermosos hijos y un nieto maravilloso. El viaje que hicimos no fue fácil. Yo trabajaba en fútbol, pero sólo a veces me pagaban y otras veces, que eran muchas, no. Siempre estuvo a mi lado, su apoyo fue incondicional, creía en mí y alentaba mis sueños. Pasaron muchos años; juntos sufrimos el terremoto del año 1985. Ese día perdimos todo, menos la ilusión. Nos preguntamos: ¿dónde estamos?, ¿dónde queremos estar?, ¿quiénes somos?, ¿quiénes queremos ser?. Nos vinimos a Santiago, al encuentro de nuestro destino. Realicé mi curso de entrenador y me propuse algún día dirigir una institución profesional. Después de un largo viaje, el año 1999 tuve el privilegio de dirigir al equipo de mis amores. En un extenso y difícil torneo fuimos campeones. Cuando el árbitro pitó el final, lo primero que hice fue buscar entre las 70.000 personas que repletaron el Estadio Nacional a mi esposa. Cruzamos la mirada, igual como la primera vez que la vi en la Costanera. Su sonrisa fue el mayor premio a la victoria. Quería saltar la reja e ir a abrazarla… ella fue la artífice de ese logro. Hoy, después de 46 años, seguimos juntos y mi amor por mi compañera es el “gol” que nunca dejaré de celebrar por el resto de mi vida.

Ilustración del cuento El secreto del metrónomo Relato seleccionado El secreto del metrónomo Ricardo Arratia Joglar Leer cuento completo

Todos creían que el viejo reloj de pie en la sala de los espejos medía el tiempo de la casa, pero era al revés: el péndulo de bronce sostenía los latidos del corazón de mi padre.

Desde niño escuchaba su tic-tac acompasado tras la pared del estudio, un péndulo inexorable que dictaba las horas de la infancia, las fiebres y las despedidas.

El secreto lo descubrí la tarde en que mi padre falleció en el sillón de terciopelo verde. Mientras el médico certificaba el fin, corrí a la sala para detener el péndulo por respeto al luto. Al abrir la caja de madera oscura, no hallé engranajes ni pesas de hierro.

En su lugar, colgado de una delgada cuerda de cáñamo, oscilaba lentamente mi propio corazón, arrancado de mi pecho sin que yo notase la herida.

Ilustración del cuento La mesa de 8 sillas Relato seleccionado La mesa de 8 sillas Samuel Mundaca Amario Leer cuento completo

Siempre soñé con tener una mesa grande. No por la madera ni por el mantel, sino por las sillas: 6 sillas. Una para cada nieto que aún no conozco.

Los guardo en fotos que me mandan, en audios de “Hola, Abuelo” y en cuentos que les leo por videollamada. Me sé sus nombres de memoria, sus comidas favoritas, el color que les gusta. Pero me falta lo más importante: su abrazo.

En mi mente ya preparé ese día.

Voy a hornear pan en mi KitchenAid, como me enseñó mi madre. Hará olor a casa. Pondré 6 platos distintos, porque seguro a uno no le gusta el tomate y a otro le encanta el chocolate.

Me imagino el ruido: seis voces hablando a la vez, pies corriendo, preguntas sin parar. Yo en el medio, con las manos llenas de harina y el corazón lleno.

No sé cuándo será. Pero cada domingo pongo la mesa. Ocho puestos. El mío, la abuela y los de ellos.

Porque conocer a mis seis nietos no es un “Sí”. Es un “Cuándo”.

Y mientras llega, los espero con pan caliente y mucho amor.

Ilustración del cuento ¿Por qué lloras mi tierra? Relato seleccionado ¿Por qué lloras mi tierra? Ramón Peña Aqueveque Leer cuento completo

1.- Porque gimes mi tierra
Porque lloras abatida
El hombre te ha destruido
Con su maldad escondida.

2.- Los ríos braman tu llanto
Los árboles gritan de frío
¿Por qué lloras mi tierra?
Si nadie te ha defendido.

3.- El mar recibe tus lágrimas
De ese dolor escondido
Porque lloras mi tierra
Si Dios no te tiene en olvido.

4.- Por qué no cuido mi tierra
De este llanto dolido
Quisiera amarla por siempre
De ese dolor percibido.

Ilustración del cuento Cuando tenga 64 Relato seleccionado Cuando tenga 64 Jaime Valenzuela Santiagos Leer cuento completo

El día que terminaba no había sido nada especial, de hecho, Jorge pensó que había transcurrido de forma bastante común, sin embargo, era la víspera de su cumpleaños y ya había decidido que ese 14 de noviembre tenía que comenzar del modo que lo había planeado.

Buscó entre sus vinilos, tomó el vaso que había preparado y mientras echaba a rodar el disco, se acomodó en su viejo sillón cuando sonaban los primeros acordes de When I’m Sixty-Four.

De esa manera comenzaba también su día.

No era la primera vez que escuchaba la canción, pero fue la primera en que le hizo sentido, y cuando terminó no pudo dejar de pensar que ya no era el joven que escuchaba a The Beatles despreocupadamente, y que sus canas ya poblaban profusamente su poco densa cabellera.

Pensó que sus logros y sus fracasos no pesaban tanto como el aplastante transcurso del tiempo, que quizás poco quedaba para materializar lo pendiente. Pensó que debía enfocarse en cosas simples, apreciar lo cercano, cambiar el punto de vista.

Suspiró, y agradeció el amor que lo rodeaba.

Dejó su vaso, y alegremente caminó al dormitorio tarareando a Paul.

—¡Feliz cumpleaños!— se dijo.

Ilustración del cuento Pasajero Relato seleccionado Pasajero Sergio Villela Cádiz Leer cuento completo

En mi viaje por la vida, me he detenido en muchas estaciones, pueblos muy lindos y otros no tanto, y algunos que quizás no me hubiese gustado conocer, pero no me arrepiento. Así es el viaje por la vida. De todos ellos he aprendido, sacado lecciones, y este viaje sigue.

Partí mi viaje con dos seres maravillosos, mis padres, que por esas condiciones de este trayecto tuvieron que descender en diferentes estaciones, y tuve que seguir solo luego de tristes y grises días por no seguir viaje con ellos. Seguí avanzando hasta que subió una pasajera que hasta el día de hoy me acompaña en este viaje, junto a otros dos pasajeros que amo con el alma.

Y el tren sigue avanzando, no sé cuál será la próxima estación. No sé quién seguirá a mi lado.

Pero después de todo lo vivido, ya no quiero bajarme del tren.

Quiero seguir viajando.

Ilustración del cuento Nido vacío Relato seleccionado Nido vacío Carlos Marsh Leer cuento completo

Mi vida por años tuvo horarios, que no eran míos. Despertador al amanecer, uniformes, mochilas, colegios, cumpleaños, disfraces, médicos, vacaciones cuidadosamente programadas. Desarrollé una curiosa habilidad de viajar mirando el reloj y calcular cuándo tenía que volver.

Hasta que crecieron.

Esperaba a que eso ocurriera lentamente, pero fue a su ritmo. Un día todavía me preguntaban dónde estában sus zapatillas y, poco después, te invitan a un asado en su departamento.

El nido se fue encogiendo, hasta quedar vacío. Sobraban habitaciones, sillas y asomó un incómodo silencio. El refrigerador permanecía lleno más de 24 horas y las delicias ya no desaparecían.

Ahí comprendí algo: no necesitaba más despertador.

Me levanto más tarde, desayuno sin apuro, no me importa el clima. Ahora leo sin interrupciones, viajo sin fechas de regreso y esos cumpleaños infantiles son responsabilidad de otra gente, soy un invitado. Ya tienen sus casas, trabajos, amores, problemas y sus propios despertadores.

Yo aquí, empezando a disfrutar esta amable soledad.

Por cierto, los extraño. Me gusta verlos volar y comprobar que tantos años dedicados a preparar esas alas, de algo sirvieron.

El nido está vacío, sí y yo tengo tiempo y nuevos momentos de vida para volver a llenarlo.

Un recuerdo para atesorar

Historias reunidas en un libro

Los cuentos seleccionados quedaron reunidos en un libro preparado especialmente para esta edición, para que puedan seguir siendo leídos, compartidos y recordados.

Más allá de los premios, Entre Canas y Cuentos busca dar un espacio para contar, recordar, compartir y dejar algo de nuestra propia historia en otros.

Las buenas historias siguen viviendo

En cada recuerdo compartido, en cada emoción que despiertan y en cada persona que encuentra en ellas una parte de su propia vida.

Y eso también es Porvivir.